
La autoestima; pilar de nuestro bienestar psicológico.
“Todo en mi vida tendría que funcionar; en mi familia todos tenemos salud, la relación de pareja y familiar es buena, tengo un trabajo en el que estoy bien considerado, me gusta y tengo una buena retribución, pero… no me llego a encontrar a gusto, siento que algo falta en mi vida, como si siempre faltase una pieza, como si no disfrutase plenamente de mi vida…
En algunas ocasiones me siento mal, por cosas que me dicen, no sé qué contestar y me lo llevo a casa, allí me surge un pensamiento automático, repetitivo, me infravaloro y durante mi diálogo interno siempre salgo mal parado por mí mismo; no vales para nada, eres peor que ellos, eres tonto. Todo esto me lleva a sentirme mal y a tener emociones de odio hacia mí mismo, tristeza, desesperación…”
Las personas que tienen autoestima baja, viven con un malestar continuo consigo mismo (debido a esos pensamientos negativos; no valgo para nada, soy tonto, esto no está hecho para mí, a veces incrementado por ansiedad o depresión), malestar que tienen con las personas más cercanas, no llegan a disfrutar plenamente de las cosas placenteras y son normalmente, muy inflexibles consigo mismos, no se perdonan un fallo, echándose la culpa de todo; “podría haberlos hecho mejor”, “no puedo permitirme este error”.
Nuestra autoestima podríamos compararla como los cimientos de un edificio, en los que se apoya nuestra estabilidad emocional; nuestro bienestar. Se podría decir que la autoestima es la interpretación que realizamos de la realidad mediante un “filtro” que tenemos en nuestro interior.
Por todo esto, nuestros pensamientos, valores, dogmas, actitudes, perspectivas, no tienen su génesis en nuestras emociones, como normalmente se cree, sino que nacen a partir de nuestro pensamiento. En la trastienda de cualquier emoción negativa (vergüenza, miedo, ansiedad, culpa, ira…) se esconde siempre un pensamiento negativo. Para acabar con este bucle de emociones no constructivas, tenemos que conseguir encontrar cual es el pensamiento negativo que lo provoca e intentar corregir ese pensamiento que normalmente entra en nuestra mente sin avisar, de forma automática. Pero esto lleva su tiempo y un entrenamiento.
No debemos aceptar como algo inamovible los pensamientos negativos que nos invaden y dan como resultado esas emociones que nos hacen la vida más difícil, nos castigan y no nos dejan pensar y ver con claridad.
Cuando somos capaces de controlar esos pensamientos negativos y cambiarlos por un pensamiento racional, las emociones irán en concordancia con ese pensamiento. Cuando nos instalamos en que los pensamientos negativos van a ser permanentes, para siempre, terminamos sintiendo una sensación de desasosiego y fracaso permanente que mina nuestra autoestima. ¡¡Manos a la obra!!
Diego de la Fuente
Psicólogo

